Regresar a un pasado innecesario.Hasta cuándo seguiré esperando?
Estoy enojada conmigo. Volver a sentir ésa decepción, ése vacío profundo aquí adentro que hace insoportable mantener los ojos abiertos y la sonrisa forzada. Me estoy desangrando por dentro, un suicidio interno, violando mis propios deseos y emociones. Victimaria de mi propio cuento, en el que sobra tanto espacio y tanta soledad humedecida. El aroma a clavo que sale del humo de mi boca envuelve la serenidad del océano profundo en mi interior. Estoy extrañamente tranquila, resignada, aburrida; aburrida de leerte, aburrida y asqueada de tu falta de coraje, de tu apatía repulsivamente contradictoria y conformista. Asqueada de que no me enfrentes, de que prefieras vivir sin mi y pretendas ser indiferente … indiferente gracias a la distancia que existe entre tu cuerpo y el mío, a las fronteras invisibles que construiste para saberte a salvo de la locura y el miedo; porque las ganas y el deseo se nos escapan por lo ojos cada vez que estamos frente a frente, las sensaciones se cuelan por los poros; cada vez que te deleitas las pupilas fusionándote en las mías, cada vez que recorres mis piernas con tu mirada tan obvia y tu sonrisa espontánea. Indiferente, creyéndote tu propia farsa, cuando tus ojos le gritan tantas cosas a mi alma, que los nervios te traicionan y finges tu autocontrol utópico, llenando cada espacio de tu tristeza errática y pasiva. Aburrida de ver cómo sigues intentando engañarnos, a ella, a la soledad, a ti y a mi. Estoy a un paso de olvidarte, no lo olvides. A un solo paso de enseñarte lo que realmente significa la indiferencia. A un paso de que vivas más allá de mis silencios, y desearás mejor estar muerto, que vivir en mi olvido. Estoy a un paso de arrancarte para siempre de mi cuerpo, de mis líneas y mis pensamientos. Cómo puedo estar tan lista? Cómo puedo detener los latidos y volverme aire y vida? Cómo puedo estar sin ti y sentirme más viva que nuca? Todo se lo debo a esa indiferencia obligada y estúpida. Todo se lo debo a aquél día, cuando me dijiste que yo para ti no significaba nada, aquél día cuando descubrí que eras una ilusión perdida, que no existías, que todo lo que yo veía en ti se esfumaba lento, se perdía en la inmensidad de una historia nula, de toda tu farsa irónica y ridícula. Ahora entiendo cómo pude amarte tanto. Amaba al hombre que tenía a mi lado, más no al hombre que eras.
Mi pasado incierto está a punto de morir, de tu mano, de tus besos, de tu cuerpo… un punto que separa la realidad de la magia. Un punto tajante que evade mis ganas de mirarte fijo, de acercarme a ti, de hablarte despacio pronunciando mis palabras en tu boca, de desabotonarte la camisa y hacerte temblar como antes, como siempre, como nunca. De escucharte decir mi nombre, entre tu piel desnuda, entre miradas profundas, caricias de seda y besos de miel. Porque el olvido pesa, oprime, ridiculiza y enloquece. Porque los recuerdos vivirán por siempre mientras exista conciencia. Porque aunque te olvido y te alejo, la distancia y las fronteras no sirven de nada si por error nos topamos en algún punto de esta ciudad que reclama nuestra esencia. Si por error me miras a los ojos y te cuelas hasta mi alma; si por error te miro fijo a la boca y me cuelo a lo más profundo de tu ser. Porque no necesitas tocarme para sentirte cerca, porque no necesito estar cerca para tocarte.
Porque los dos jugamos al olvido y a la indiferencia, porque los dos sangramos por dentro, desgarrándonos, consumiéndonos, muriendo lento; por dejar que el miedo gane y escriba el punto final de lo que pudo haber sido y no será. El punto final de lo que siento; el punto final de nuestro adiós.
El olvido es eterno, la soledad, involuntaria. La indiferencia una solución errática y utópica. El desamor una realidad infiel.



No comments:
Post a Comment