Thursday, December 01, 2005

Yo, en Segunda Persona

El Otoño se cayó de mi cama, hubo hojas muriéndo por toda la alfombra, crujían celosas, crujían cobardes. . . impotentes.
.
Hay una sensación que me hace cosquillas en la piel, cuando nadie te atrae, cuando no piensas en alguien al tomar tu nieve, o tu chocolate caliente, cuando escuchas una canción o cuando reconoces un olor peculiar que hace que un estremecimiento te recorra despacio. . . te percatas de que no estás pensando en alguien, ni sintiendo ganas de ver a nadie ni de estar con alguien. Y tal vez puedas oirte crujir celoso de las parejas que van delante de ti hablando dialectos de señales corporales que sólo ellos entienden; crujiéndo cobarde por no animarte a levantar la mirada y descubrir que unos ojos perdidos están buscando los tuyos, que también están perdidos por-supuesto. . . impotente ante el Frío que inunda tus uñas y corta tu piel.
.
Los pequeños detalles no son persuadibles, las marionetas de nubes sólo adornan el cielo que nunca consideras tuyo, los destellos de estrellas le sacan la vuelta a tus pensamientos, porque estás caminando por inercia. . . es una sensación de calma; no sofoca ni histeriza, no te aplasta ni te exprime, no dilata las pupilas ni detiene el flujo sanguíneo. . . puedes escuchar tu respiración y puedes percatarte de nuevo que no estás pensando en alguien. . . los días se alejan, se acercan; las estrellas bajan y explotan; el teatro de nubes se difumina en aquella inmensidad azúl. . . y eres incapaz de sentir algo.
.
Las Hojas siguen adornando la alfombra, tus dedos siguen crujiéndo sobre el teclado . . .
.
. . . Y el Frío del Invierno saluda contento tras la ventana . . .