
Todavía pude leerte entre líneas.
Aun cerrando tus ojos, oprimiendo el corazón. aún cuando decidiste ser frívolo y puntual en tus escasas palabras pude leerte por debajo y descubrir que no me olvidas ni lo intentas. Aún pude yo decirte lo mucho que te extraño, aunque no fue necesario escribirlo. Oprimiendo mis manos y mis ojos, cerrando mi corazón intenté ser puntual y frívola, aunque mis dedos traicionaron mi esfuerzo, volviéndolo fallido.
Y cayeron como bloques de hielo los recuerdos, desahiciéndose con cada lágrima salada que rodó sin pedir permiso. Pulverizando mis mejillas y abriendo huecos en mi alma. Creo que sigues escondido, entre los pliegues de mis aortas y mis arterias, adherido a mi sombra, a mis manos que te escriben como locas. Ya no dueles, sólo envenenas. Ya no matas ni destrozas ilusiones ridículas, ni construyes pirámides de celos y decepciones, sólo invades memorias, invades cada pedacito de mi piel que aún te extraña. Sólo queda un largo hilo entretejido entre mis pasos y tu cama, a dónde pertenecía, tuya completa, dónde pintaba sueños en tu espalda y te escribía poemas con la punta de mis dedos. Mis dedos aún recuerdan el camino hasta tus labios, a veces sangran, a veces se adormecen jadeantes y desesperados. Es absurdo que te recuerden tanto, que recuerden cómo tocarte y hacerte temblar. A veces les pido que se callen, que no griten, que traten de olvidar, como se lo he pedido tantas veces a mi mente. A veces, sólo a veces, me gustaría que no existiera un pasado entre nosotros, que fuera la pesadilla de una mala noche. Que no doliera tanto y que dejara respirar. A veces sólo recuerdo los dos últimos besos entre tu poca sinceridad y mi paciencia quebrantada, sabían tanto a despedida, que ni siquiera lo notaste entre la miel y la menta. Una despedida involuntaria, un adiós obligado que dejó heridas abiertas y cicatrices profundas. Pareciera que tanto mi mente como mis dedos están coludidos contra mía; no te olvidan, ni siquiera quieren intentarlo y me reclaman la fuerte decisión de haberte dejado ir, pues tú querías seguir con ellos, más no conmigo…Sólo con mis dedos que te conocían como si fueran tuyos, sólo con mi mente que la embrujabas y la llenabas de ti… sólo con ellos que te querían sin reproches ni reclamos, pues tu piel se fundía con ellos volviéndose uno, volviéndome tuya, completa. Ojalá pudiera arrancarme los dedos y los pensamientos uno a uno, para borrar por siempre el recuerdo de tu cuerpo, tu mirada y tus silencios; ojalá pudiera olvidarme de mí, dejar encerrada aquella loca que reclama tu ausencia y borrar por siempre las torturas que envenenan lento, que oprimen por dentro, que queman y deshacen la escasa tranquilidad que me queda.



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