Tuesday, March 22, 2011

Lluvia


Agua fría y cristalina… cristalina como mi piel de seda… como el corazón que late con fuerza, a punto de estallar como si fuera un caballo desbocado… Mi piel adherida a los huesos que se acaban de reconstruir, sellando cada cicatriz de mi más dura batalla peleada; cuando te colaste hasta el tuétano de cada uno de mis huesos, desarmándome y pulverizándome hasta haberme convertido en cenizas…


Y de pronto, mis huesos se volvieron fuertes, mi corazón se llenó de calorcito, la seda de mi piel borró las heridas, cargando mi vida de olvido y esperanzas… y renací, como un ave que vuelve a emprender el vuelo, tan libre y llena de vida, llena de sueños, voluntad y valentía. Un ave que se enfrenta a su destino y pelea hasta el final sin contemplaciones, sin chantajes ni remordimientos. Que llora a veces para limpiarse el alma.


El otoño pasado fue frío, lleno de lluvia ácida, disolviendo lo que estorbaba, limpiando lo que estuvo de más, dejando sólo mi esencia. La lluvia envolvía mis pasos, borrando las huellas y la sangre molida… borrando las ruinas de mi, fortaleciéndome, recuperándome, reconstruyéndome, en un baile de estrellas fugaces, en un baile sólo para mi.


el pulso volvió a mis venas, la luz de mis ojos volvió a iluminar mis senderos, y retomé las riendas del caballo desbocado para volver a ser la jinete de mis sueños y mi horizonte lejano.


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