
Mi valentía se quedó colgada de aquella enorme y lejana rama que el viento mueve tan despacio. Mis sueños me jalan los pies y me enredan en su magnificencia. Los pasos me siguen contentos a donde quiera que vaya, los árboles gritan mi nombre, me duelen las manos de golpearme con tu recuerdo.
Cerraste mis ojos con tu último beso. Cerraste mis brazos con tu abrazo y desequilibraste mi cuerpo pequeño en tu ausencia y mis supuestos reclamos. Me olvidaste tan fácil; me ocultaste en la noche, me cerraste el corazón entre tus puños y despertaste la agonía de la libertad que me sobra tanto.
Si adiós es lo que quieres, Adiós te digo para siempre. Si alejarte de mi es lo que quieres, me alejo de ti para siempre. Si mentirme es lo que se te hace más fácil, vete por donde llegaste, tus mentiras me lastiman más que tus verdades y tus secretos.
No vuelvo la vista atrás; la vida me ha enseñado a respetarme, me ha quitado tantas cosas que consideraba tan mías, que me ha enseñado que, aunque tomo sin pedir prestado, tú nunca serás mío.
La vida me enseñó que no siempre lo que quiero es lo mejor; me enseñó a aceptar que hay cosas que no se pueden controlar... Pero quién le enseña a ella que también ella se equivoca? Me ha enseñado a entender que tengo que dejarte ir, aunque hayas sido el espejismo que siempre esperé encontrar; dejarte libre aún en contra de todo lo bello que mueves en mi.
No puedo volver la vista atrás, aunque lo que más quiero se quede exactamente parado ahí, con un sin fin de explicaciones y argumentos que no tienen validez ante lo que mi corazón no puede entender.
Suelto tu mano, el miedo se burla de mi, el tiempo y la muerte también. Sola, no sé por qué me sorprende... Quizá porque era la primera vez que quería decir Sí.



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