Fue un día seco, lleno de supersticiones y segundos contados. Esperanzas rotas, pensamientos perdidos. Aprieto los puños, para que mis uñas no sean agredidas con mis dientes que muerden tu recuerdo. Se acentúa la gravedad de las pocas palabras que cruzamos aquél día que era ayer hace dos años. se acentúa la gravedad de las muchas miradas entrecruzadas y llenas de vulnerabilidad y repentina culpa, repetidas ganas, escalofriantes pasos que nos acercaban de noche, que nos hundían de día.
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Se acentúan mi palabras llenas de rabia, se estremecen mis dedos sobre el teclado, se abruma la noche, tan quieta y callada, se cuelan recuerdos de nuevo por mi ventana, se enredan en la cortina y caen desorbitados haciendo espirales y girones por toda la alfombra. Se acentúa el roce de mis pestañas al cerrar mis ojos, se acentúa tu silueta cuando mis párpados escurecen mis pupilas, se acentúan los sueños irrefutables.
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Supersticiones rotas y esperanzas contadas, pensamientos secos y acentuaciones tan equívocas e innecesarias... se acentúan mis recuerdos y la gravedad de tu rostro en ellos... se acentúan tus palabras llenas de nada, se estremecen las mías con un toque de quietud y silencio, un toque ligero de mi noche abrumada... me secaste mi día, lo torciste, lo rompiste, añicos y un poco de polvo, desapareciste, pegando de brincos, ni el bao, ni la niebla, ni el sarcasmo te detuvo, te perdiste arruinando mi día, mi 13, mi espera, mi esencia, mi cabello grafilado, mis lágrimas desmoronadas, mis huellas perdidas, mi cuerpo adormecido; desgarraste mi garganta, desgarraste mis labios y no pude gritarte... fue un día seco, tan incómodo y pasajero como si hubiera sido cualquier otro, pero era mi día, mi 13, mi espera, mi esencia, mis huellas, mi garganta, mi noche, mi ventana y mi cortina... y mis sueños que se acentuaron en tu cobardía...




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