Escalonando el Silencio, paso firme, poco a poco me voy aprendiendo cada pedacito de tu piel ajustada, me voy aprendiendo tus gestos, la forma en cómo cierras tus ojos cuando te ríes, la forma en cómo mueves tus manos al hablar, la forma que dejan tus huellas en la arena; las palabras que más usas, los colores que combinas en tu ropa, los olores cítricos que porta tu cuello, el tacto frío de tus manos por la noche y el palpiteo delatador de tu interior cuando me aterevo a decir cosas e incluso a hacer cosas que igual no debería pero que no puedo pasar por alto... Y quiero amarrarte, esconderte para que nadie te vea, para que nadie se acerque, para que nadie te descubra... siento una sensación muy extraña, ya sabes, esa sensación de celos que consume e histeriza, que te hace pensar mil cosas y no te deja nunca, va pegada como lapa, va oculta tras mi sombra, es la sombra del miedo, la incertidumbre, la cobradía, del ser todo menos yo cuando estoy contigo... Estira tu mano y decúbreme! El tiempo ya no lo paralizas, ahora queda suspendido, se vuelve mi cómplice para empujarme a chocar mis pies con los tuyos, ahora yo viajé en ese tiempo que espantó las ganas de dormir para no perderme ni del más mínimo detalle... No quiero cerrar los ojos ni un instante, por mi, que se queden congelados pero abiertos para no dejar de verte, por mi que las estrellas se caigan o se disuelvan, o se centrifugen en supernovas, por mi que las plantas no dejen de crecer nunca y alcancen las nubes, que las marionetas respiren y bailen en la nevera, que el mar se desborde e inunde las piedras de pensamientos que me hacen quedarme callada, intranquila, miserable, inconforme con mi estúpida actitud. . . Por mi que mis zapatos se desgasten tanto para seguirte los pasos. . . No tengo mucho que ofrecer, prácticamente los bolsillos me quedaron vacíos, sin sonrisas ni labial para pintarlas, sin zuelas ni jardínes, sin miradas ni recuerdos en mi café. . .
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. . . Te regalo mis suspiros




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