Wednesday, July 27, 2005

Otoño

Me extravié entre tantas hojas caídas, entre tanto árbol desnudo, entre mis ecos silenciosos de un súbito miedo a no encontrar algo más que ilusiones que a cada paso que doy se oye su crujir bajo mis zuelas... me acerco a tocar el árbol más próximo, y mi mano lo percibe húmedo, sombrío e inalcanzable... puedo doblarlo a la mitad y empezarán a correr en círculos luminosos los años que llevas de pie, soportando los vientos, la lluvia, el vestirte de gala portando manjares de flores y hojas vivas, soportando la nieve, las nubes, los escasos rayos de sol, el silencio, la soledad... no puedes moverte, y sin embargo tu lucha no cesa, cada invierno inyecta su frío en tu piel, cada verano te llena de cálidos besos, cada primavera te viste de gala... cada otoño te desviste llevándose consigo tu alma en los bolsillos...
*
Tú me vestías con flores vivas y manjares de risas, de besos de fresa y cálidas miradas, de años que eran luminosos y circulos viciosas que me hacía dependiente de ti, tan vulnerable, que inyectabas mis manos de tus manos, mis ojos de tus ojos, mis sueños de tus sueños... no pude moverme y mi lucha se había disipado con tus susurros, los ecos retumbaban en mis oídos con el crujir de cada ilusión perdida, te convertiste en otoño, me desvestiste el alma, te la habías llevado como pendiente de tu cuello, cerquita del corazón que se convertía inalcanzable y sombrío... te convertiste en otoño.... y me dejaste muerta de miedo de no encontrar lo que yo solía ser... soportando las nubes, los escasos rayos que se cuelan por mi ventana, la lluvia, sin flores ni hojas vivas, soportando los vientos, los silencios y una soledad involuntaria... soportando los ecos que en mi bosque se escuchan cada noche cuando todavía trato de moverme y mantenerme viva... soportando la desnudez de mi alma y acercándome al tiempo en que las hojas suelen caer, donde no hay flores para disfrazar la desesperanza y las noches parlantes, de gala... te convertiste en otoño y yo crujo en la tierra por debajo de tus zuelas, intentándo doblar los días por la mitad... y extrañarte un poco menos...

4 comments:

Anonymous said...

Y mientras permaneces de pie, deshojandote, pero vestida de majestuosa gala, los vientos del sur te llevan compañía y te hacen saber que aún en tu bosque otoñal, los cálidos rayos de sol iluminan acariciando tu copa, al tiempo que en un frénesi volar me poso en una de tus ramas, dispuesto junto a ti, a mirar mas allá del horizonte, donde existe la tierra del nunca extrañar.

Un beso matinal.

Anonymous said...

... dispuesto junto a mi, aquél horizonte pinta el trazo de tus ojos, que para mi son infinitos si pudiste llegar hasta aquí... gracias por tu compañía, y espero pisar algún día esa tierra de nunca extrañar...

Cuando sientas que el viento roce tu mejilla, te estará llegando un susurro de mis labios...

Anonymous said...

...tu susurro me ha traido de vuelta.

Ahora que el sol cae, puedes ver ese pequeño resplandor renaciente a lo lejos?

Se dice que es la tierra del nunca extrañar, y digo se dice, porque yo nunca he ido, nunca he estado ahí, espero que no sea solo una utopía, pero ahora gracias a la altura de tus ramas, a lo grande que has crecido en la vida, es que podemos ver ese ligero resplandor.

Quizá algún día, cuando arranques tus raíces, puedas emprender el camino hacia aquel lejano valle, y me digas si existe...

...o quizá pueda enseñarte a volar.

Anonymous said...

Ese sueño de fuga hace que se vaya deshilachando lo que me mantiene sujetada al suelo por debajo de aquél resplandor, y digo fuga no por estar huyendo sino para fugarme un rato de mi, toparme y reconocerme en el cielo violáceo...

...mis alas también tienen habmre...